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viernes, 28 de enero de 2050

Nace un sueño...


Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

Debes rogar que el viaje sea largo,

Lleno de peripecias, lleno de experiencias...


No es posible vivir sin sueños. No lo es sin al menos uno. Claro que, ese único sueño, tiene que ser, por un lado,  tan seductor, tan poderosamente bello que sea capaz de llenar de ilusión, no solo el tiempo que ocupe la propia realización del sueño, sino también los meses previos al evento y de satisfacción los posteriores al mismo.

Mi ilusión tiene que ver con un viaje, como el de Kavafis. Y como el poeta, no le doy tanta importancia al destino como a la travesía en sí, y a todo lo que la rodea. ¡Un viaje en bicicleta de montaña desde mi propia casa hasta Santiago de Compostela! Para mí, todo un reto.

Mi viaje podría entenderse como una peregrinación; y aunque no es religiosa, sí tiene bastante de espiritual; algo de ese “viaje interior” del que hablan otros que realizaron el mismo sueño, y mucho de simple disfrute de un reto deportivo absolutamente fascinante. Es un viaje al que me voy a enfrentar a los "cíclopes", los "lestrigones" y el "Posidón" del cansancio, de mis limitaciones, de la lluvia, el frío, las averías y lo desconocido. Es evidente que una travesía así tiene mucho que ver con ese otro viaje, el de la vida, y en el que todos somos peregrinos, y a cuyos retos y dificultades tenemos que hacer frente cada día.

Este particular viaje llega en el simbólico aniversario de los 50. Así que no soy un chaval. De hecho, es el regalo por mi cumpleaños. Y me parece un buen pretexto para enfrentar este reto. Por lo tanto, como en el poema, pretendo que sea una experiencia enriquecedora. Espero ir disfrutando de la misma ya, desde el mismo nacimiento de mi sueño.

Mi viaje se iniciará, Dios mediante, en el mismo portal de mi casa, en la ribera mediterránea de Castelldefels. Y finalizará en Santiago de Compostela. Y en bicicleta. Las dos ruedas me encan­tan y, especialmente, la Bicicleta Todo Terreno. Porque el pacto hombre-bicicleta-natu­rale­za me parece especialmente bello.

Gracias por vuestra paciencia en esta primera entrada un poco más "trascendental". Vendrán otras, durante el viaje,  más "amenas", incluso divertidas. Incluiré datos técnicos, geográficos... Pero esta primera, creo que tenía que ser así.

Aunque se publica ahora, a pocos días del inicio, cuando escribo esta entrada aún faltan varios meses para el inicio del viaje. Es el tiempo de la espera. De la investigación, de recabar información, de la lectura de los diarios de viaje de los que me han precedido, del pensar en los detalles. No en todos, pero sí en los más importantes. Y es que, sin ser un irresponsable, quiero dejar espacio a la "aventura".

Mayo es el mes elegido. Del catorce al veintisiete. Unos mil ciento ciencuenta kms, siguiendo el camino de Santiago catalán, pasando por el monasterio de Montserrat, Lérida, Zaragoza, Logroño y enlazando con el camino francés. Hasta entonces, toca prepararse física y mentalmente.

No quiero finalizar esta primera entrada sin agradecer a aquellos que me han apoyado incondicionalmente en esta empresa. Gracias a mi esposa por el regalo, y por su detallismo en los preparativos; aunque, no cariño, no voy a llevar un kit de costurera. Llevaré en mi corazón a mis dos hijos, José Luis y Priscila, quienes no han dejado de animarme. Gracias a mis compañeros “Nasíos ‘pa’ demarrar” por su inagotable ánimo, y por la generosidad de alguno de ellos al prestarme portaequipajes y alforjas (gracias, Gabi), ofrecerme o enseñarme a manejar un GPS (Lino, Pedro López...). Gracias a mis monitores del Gimnasio Danes de mi ciudad, Néstor, David, Rubén, … porque no os quedasteis con el desastre que era inicialmente, sino con lo que podía lograr finalmente. Y gracias a todos y cada uno de los que han creído que este viaje era posible para mí.

Solo me queda dar gracias a Dios, y rogar su cuidado y las fuerzas necesarias para disfrutar y concluir finalmente esta aventura.

Un abrazo para todos.

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