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lunes, 25 de mayo de 2037

12ª etapa: Villafranca del Bierzo a Sarria

Distancia: 101 kms
Distancia acumulada: 1.126 km
Duración: 9 h y 15 minutos
Velocidad media 14'24 km/h


Sigamos el sistema de ayer: mediante guión.
  1. Frío.
  2. Desayuno.
  3. Más frío.
  4. Un cebollino por cabeza.
  5. Sufrimiento.
  6. Deshecho por fuera y tocado por dentro.
  7. El dilema. ¿Por dónde tiramos?
1. Frío. Por la noche otra vez tapado cabeza y todo, y esta vez con manta. Es igual, Hace un frío en la habitación que pela. Intento encogerme tanto que voy a darme la vuelta sobre mí mismo. Y es que necesito retener el mayor calor posible.

2. Desayuno. El día prometía ser duro, y con el desayuno no se juega. En la mayoría de ocasiones no como al mediodía, así que la primera comida tiene que ser importante. ¿Importante? El dueño del albergue, un histórico del camino, Jesús Jato, (aparece bastante en internet), que ha montado este albergue con mucho esfuerzo, después de mi paso, creo que se quiere meter a butanero o a registrador de la propiedad inmobiliaria, porque le he dejado la cocina saqueada: dos cafés con leche, un dónut, una magdalena, cuatro tostadas con mantequilla y mermelada, y para acabar... lo habéis acertado: un huevo duro (va en serio). Los demás peregrinos estaban mirándome con la boca abierta.
Todos los que han hecho algo así coinciden: comes una barbaridad sin esfuerzo, porque quemas mucho más: a las once de la mañana tenía el estómago totalmente vacío.

3. Más frío. Todo el que quieras imaginarte y más... Y ahora añádele ir a 15 km/h y notar los cuchillos del aire pasar por tu cara y mis doloridas orejas. ¿Exagero? Villafranca del Bierzo a las 7:45 h, en la calle que lleva el nombre de su hijo predilecto.





La ciudad tiene su encanto. Lo que más llama la atención en lo bien enclavada que está con la naturaleza. Está rodeada, justo al lado, de montañas preciosas. En cuanto a la gente... la librera a la que pedí el favor que me pasara las fotos de la tarjeta de la máquina de fotos al pendrive, me cobró tres euros y a regañadientes, como si me estuviera donando un riñón.



Y empezó la etapa propiamente dicha. La jornada se puede dividir en dos:


    I. Una paliza.



4. Un cebollino por cabeza. ¿Que por qué? Porque cuando estaba llegando a Trabadelo, a casi 10 kms, de Villafranca, me doy cuenta de que se me ha caído del portaequipajes una prenda de vestir muy importante. Así que ya me veis dando la vuelta y lanzándome con fuerza, y diciendo otra vez : "¡Buen camino!" a los 250 peregrinos que había adelantado, y con los que ahora me iba cruzando en sentido contrario. Creo que se convencieron que estaba loco. Gracias a Dios, la encontré, justo al lado del albergue. Y otra vez de vuelta, adelantando a los 250 peregrinos, con una vergüenza que pasé... Desde luego, ya no les saludé o me tiran la vieira. Eso me costó un exceso de casi 24 kms y un agotamiento prematuro.

Me paré en Las Herrerías, que es el pueblo al pie del ascenso, a tomarme una barrita energética (no ibérica, ¿eh?), y un Acuarius. Y ahí empezó la paliza. Y duró hasta la comida. Y sobretodo tuvo que ver con el ataque al Ocebreiro, un alto con muy mala idea, pero mucha. En algún momento me despisté, y donde tenía que haber seguido el track del GPS, yo seguí por la nacional, dando un rodeo tal que casi rozo Andorra. A mí me extrañó que en el punto kilométrico donde debería haberme encontrado con el pueblo de Ocebreiro y que da nombre a la ascensión, me encontrara con otro nombre: Pedrafita Do Cebreiro. Pensé: "será el auténtico nombre de Ocebreiro...". Yo, más contento y orgulloso, porque en esos ocho kms que duró el ascenso le había pegado una paliza al coloso. Aquí posando mu chulo...




5. Sufrimiento. Pero cuando avancé un poquito más, hasta una rotonda, una indicación apuntaba a la izquierda: hacia Ocebreiro. Se me agacharon las orejas como a un perro perdigón. Efectivamente, me había equivocado de ruta. Pensé, de nuevo, "no faltará mucho ya..." ¡Jaaaaaaaaaaa! ¿Que si faltaba? Unos 5 o 6 kms más, terribles, durísimos, y en los que para más saña, la carretera te ofrecía las rampas en la montaña de enfrente, como diciéndote: ¡Anda, machote, todavía tienes que llegar allí y, si llegas, subirlas! Total, que el monstruo me pegó una paliza que la humildad me salió hasta por las orejas.

Una vista durante el ascenso. El Bierzo es magnífico.






Por fin, y con el depósito vacío, llegué arriba. La foto está torcída porque no me quedaron fuerzas ni para equilibrar la máquina.



Como ocurre con Foncebadón, estos magníficos no vienen sueltos, sino en packs de dos: aquel, con la Cruz de Fierro, a unos 2,5 kms; y Ocebreiro, para no ser menos, con el Alto do Poio, también a unos 3,5 kms aprox. Después de todo el esfuerzo de subir el bestia, ahora el postre. Ha sido terrible. Menos mal que me lo tomé con algo de humor.



Con Ocebrerio penetramos en Galicia. La verdad es que parece increíble: atravesar Cataluña, Aragón, Navarra, La Rioja, Castilla-León...y ahora Galicia. Es tremendo si me paro a pensarlo.

6. Deshecho por fuera y tocado por dentro. Y hasta aquí la primera parte del día. Llegué tan tocado a Triacastela que no me quedó ánimo para continuar, y eso que no quedaba mucho. Pero estaba desfondado. 
Así que usé la cabeza. Pensé; siéntate, come, descansa, relájate... Así que me comí un menú del día sencillito por ocho euros, y que me dio esas energías que necesitaba y, sobretodo, me ayudó a recobrar el ánimo. 

7. El dilema. ¿Por dónde tiramos? Los foros sobre el tema echan humo sobre el siguiente dilema: de Triacastela a Sarría se puede ir por dos rutas. La primera, por San Xil; es la original, la auténtica, algo más corta; pero también más solitaria y dura, por la poca ciclabilidad de las pistas. Eso sí, te muestra, dicen, las imágenes más bellas de todo el Camino de Santiago y de la Galicia profunda. La segunda es un poco más larga, por Samos, y transcurre junto a la nacional; eso sí, mostrándote el monasterio de Samos que es, según dicen, portentoso. Durante la comida, y tras recuperar la calma, me dije: ¡esta tarde nos vamos de excursión! Así que por San Xil, y si me tengo que bajar de la bici, mis piernas, mis hombros y mi trasero me lo agradecerán.

Y ahí empezó la segunda parte de la jornada:

 II. De excursión.

Ciertamente, una foto no puede recoger toda la belleza y la grandiosidad de la belleza de los recodos más recónditos de Galicia. No puede recoger los olores, ni el silencio, solo roto por el canto de cientos de pájaros; y por el sonido de los innumerables arroyos... No estoy siendo cursi, estoy describiendo lo que he visto, olido y oído. 
Hacer click en las fotos.




Aunque he tenido que empujar la bici por rampas increíbles, pasar como he podido por caminos por donde bajaba una pasada de agua... la verdad es que ha merecido la pena.

Sarria es un pueblo grande, muy volcado con el peregrino. Aunque los dos primeros albergues estaban "full", y eso que es mayo. Es una riada de gente la que hay, y solo un porcentaje minúsculos somos españoles.
Marcelino: este es el pueblo con estación, donde tendrás que empezar para hacer los 100 kms mínimos que piden para acreditar que has hecho el Camino. Les voy diciendo que vayan preparando la cama y enfriando el Ribeiro.
Mañana la etapa es algo más corta, porque el perfil es de diente de sierra. Galicia es muy bella pero muy dura, por rompepiernas.

Gracias por vuestros mensajes. No os imagináis la ilusión que me hace leeros.

Que Dios me cuide y me ayude en estas dos etapas finales.

Un abrazo.