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martes, 19 de mayo de 2043

6 ª etapa: Tudela a Logroño

Distancia: 123,500 km
Distancia acumulada: 602 km
Duración: 10 h y 20 minutos
Velocidad media 14,41 km/h


IEfectivamente, bestial.

Internet sigue siendo una pesadilla.
Antes de nada. dejadme comentaros una situación vivida en la etapa de ayer que, por olvido, no expuse. Pasado Sobradiel, el track me fue guiando por una pista de tipo agrícola, embarrada en algunos momentos y con abundante vegetación por el centro y los lados. A medida que iba avanzando, la vegetación iba aumentando, hasta que penetré en un campo donde había tan solo un tenue rastro de vehículos de dos ruedas. Finalmente, el rastro desapareció también.
Y ahí me teníais, em medio de un campo de matojos que me llegaban a la cintura, con mi bicicleta cargada hasta los topes. Y Gps marcándome la ruta correcta. Intenté avanzar como pude para llegar, al menos, hasta el extremo del campo. Cuando llegué al final, comprobé que toda la zona lo circundaba un canal, de esos con las paredes de cemento, de un metro de anchura destinado al regadío.
Yo no volvía atrás, atravesando el campo, volver al camino embarrado... Asi que encaré la bici ante el canal, puse un pie en el otro lado, empuje la bici hasta que la rueda de delante se apoyó en el otro lado (y a todo esto, el agua debajo. Yo estaba que no me sentía los pitipiríngulis...). Me impulsé para pasar todo yo al otro lado y fue la bici la que se quedó en Pinto y Baldemoro, sujetándola yo por el manillar. Era ella, ahora, la que no se sentía los piñoncillos. La cogí de la barra y con todas mis fuerzas impulsé los 27 kilos de máquina hacia mí. Los dos nos alejamos temblando de aquel siniestro lugar, no sin antes atravesar como pudimos, por un lado, el campo de alfalfa que había a continuación. Luego ya entramos en Torres de Berrellén.

Y hoy, cuando me he asomado y he visto que estaba cayendo un tormentazo, me ha venido un tic en el ojo y en el cuello que creía que me iba a dar algo. Pero, ¿cómo es posible? ¿De dónde sale tanta agua? ¡Que vengan los científicos de todo el mundo a investigar este fenómeno. Además, es inteligente: ¡¡¡¡¡me persigue!!!!! En fin, me he protegido a mí y a la bici lo mejor que he podido y ¡para delante! En una gasolinera en la que he entrado a comprar acuarius, una pareja de la guardia civil, amabilísima como siempre, me ha informado que las pistas estaban impracticables: “imposible” ha sido su palabra, ¿Por la autovía? “prohibido”. La única opción que me daban, después de estudiarlo entre ellos, es salir por la carrtera hacia Cintruénigo (¿?) y girar hacia Corella (¿?) y ya empalmar en Castejón con la N-II, que ahí habría perdido su categoría de autovía. En fin, imaginaos una “V” invertida. Lo que hubiera supuesto 19 km, seguir esa “V” me supusiero más de 40. Y lloviendo... por supuesto.
Hice lo que me dijeron, recorriendo como unos 60 km por carretera, y lloviendo, por supuesto.

Pero antes, el problema fue salir de Tudela. Tras fotografiar al gran Ebro a su paso por la ciudad, busqué la salida que me dijeron los guardias civiles. Menos mal que un grupo de ciclistas que entrenaban para hacer el camino una semana después, tuvo compasión y me llevaron a la salida correcta, si no, acabo en Pamplona (literal).


Un momento emocionante fue alcanzar una kilometrada simbólica...



Así como dejar Navarra y entrar en La Rioja (lo hice dos veces, palabra. No me preguntéis como...Cosa del rodeo que di, supongo...)




En el km. 60 me dio por acercarme a ver la pista, que me caía muy cerca. Y no la vi mal, así que me pasé a ella.

Y como compañera fiel...


Y aunque la jornada se iba haciendo enormemente pesada, por larga, se me regalaron los ojos con vistas impagables...



Camino de la ermita de Aradón, en medio de la nada... sin un ser humano a 20 km a la redonda. ¿Quién se sentará ahí? Las vistas, eso sí, son guapas.



Poco antes de llegar a Aradón, me encontré con esta maravilla...



Y, por fin, Aradón. Con unas vistas de la ribera del Ebro increibles. La emoción, por llegar a este extremo de la ruta, después de haber padecido tanto, fue difícil contenerla.


Pero al descender, empezó lo peor. El camino estaba hecho una calamidad. Tuve que salirme en algún momento y continuar por el campo arado.


Algoncillo, con su magnífico palacio. Y además, este pueblo, dispone de aeropuerto... sí, señor.



Cuando he llegado a Logroño, me he llevado el gran chasco de que el albergue estaba a tope. “Full” era la palabra que aparecía en  la puerta. ¡En mayo! ¡Increíble! He tenido que buscar otro, privado, que está bastante bien. Fuera, por supuesto, lloviendo.
He llegado a Logroño como quien llega a buen puerto. Después de tantas horas de soledad, de pedalear kms y kms sin vestigios de civilización (literal), por fin, entro en esta especie de río de peregrinos que es el Camino francés.
En medio de la ciudad me he encontrado con una pintada gigante, que ocupaba toda la fachada de un edificio de esta ciudad: “El Camino de Santiago hay que hacerlo por etapas”. La “e” de etapas estaba tachada. Esto es Logroño. Esto es el camino francés..
Le doy gracias a Dios por su cuidado en el tramo más salvaje de todo el camino. Desde aquí, espero, que las etapas sean más suaves y sencillas.

Un abrazo para todos.

P.D, Gabi, tu portaequipajes y tus alforjas, de 10.
Jesús, tu faja: indispensable.
Marcelino, prepárate que ya te falta menos.
Creo que me están naciendo membranas entre los dedos, como a los patos, de tanta agua.