El blog ha recibido este número de visitas:

lunes, 23 de mayo de 2039

10 ª etapa: Sahagún a Astorga

Distancia:76 km en bici y 48 en tren
Distancia acumulada: 941 km
Duración: 4 h y 40 minutos (hasta León)
Velocidad media 13 km/h

Efectivamente. En catorce días no es extraño que ocurra un accidente, una anomalía inesperada que llegue a amenazar incluso el objetivo final. Uno puede dramatizar ese suceso todo lo que quiera, pero si es posible encontrar una solución y proseguir, entonces ese "tropiezo" se convierte en una oportunidad de superación más; de no perder la calma, de no desesperar ni caer en el desaliento. Así que lo que me ha pasado no lo voy a dramatizar. Otros han programado uno o dos días de descanso; y los tienen en la reserva por si los necesitaran. Yo he recurrido a unos kms en tren por causa de fuerza mayor. A hora os explicaré. Por mi parte, prosigue la aventura.

Así ha sido la jornada:
A pesar de haber madrugado más que ningún otro día (6:30 h), tenía que encontrar un autolavado para la bicicleta, con el fin de engrasarla después, ya que venía quejándose mucho desde ayer. Fui preguntando a varias personas, y cuando finalmente encontré una gasolinera, no tenía autolavado. Así que la engrasé sin más, como quien se echa colonia sin haberse duchado,..  e inicié la etapa.

En cuanto a la rodilla, con la abundante crema antiinflamatoria más el ibuprofeno, mejoré algo. ¡Ya tenía el mismo aspecto que la otra! Pero cuando me levantaba del sillín para pedalear, (recurso imprescindible en mi caso para poder dar descanso al trasero), notaba  como "el monstruo" se despertaba. Total, que decidimos recurrir, cuando hiciera falta, a la simple caminata con el fin de cuidar al máximo la articulación.
Me despedí de Sahagún  pasando por cerca de su gran puerta: la Puerta del Perdón. Antiguamente, si un peregrino no podía llegar a Santiago por razón de fuerza mayor, cruzando esta puerta se consideraba como si hubiera completado su peregrinaje. Es curioso que pasara lo que pasó en este lugar...


Así que, a los dos kms de dejar Sahagún, ocurrió el "suceso inesperado" que comentaba al principio: rotura de cadena. Se me nubló la vista. No es una avería cualquiera. No es fatal, pero no es leve. Además, si ya iba tarde, por la búsqueda del autolavado,  reparar una avería así lo desmontaba todo.
Descargué por completo la bici; la invertí; y empecé la operación, al menos para mí, muy incómoda. No conseguía lograr que el bulón de los eslabones de emergencia engarzaran correctamente "al otro lado". A todo esto, el resto de peregrinos que pasaba a mi lado y algunos ciclistas, me iban saludando: ¡buen camino! y yo decía entre dientes: "¿Buen camino?  ¿buen camino? ¡Buen camino de qué!". Hasta que se paró un grupete de ciclistas italianos que me echaron una mano. Alguno se ensució los guantes de grasa. No lo olvidaré. Pero no hubo manera. Así que me cansé; volví a montar las alforjas y  regresé al trote  hacia Sahagún, a buscar a un mecánico de bicis. Cuando lo encontré, me puso unos eslabones para cassette  de 7 piñones, asegurándome que iban bien igualmente. Me extrañó, eso sí, que reparara  tractores, cortacespeds y sierras mecánicas, además de bicicletas... "Entenderá de todo, el hombre", pensé. Le agradecí enormemente la reparación y volví a mi etapa. ¡Eran las diez y veinte! No me desanimé. Me puse a pedalear que parecía que estaba en el Tour. Sin embargo, a los 4 o 5 kms, apretando, la cadena me dio un salto, y poco después otro... y otro. Me iba a dar algo. "Con que el eslaboncito de las narices iba a servirme a la perfección".
Con miedo a romper de nuevo, y sin apretar demasiado, fui tirando. Al llegar a Burgo Ranero, paré un ratín para descansar el trasero, y absorber un poco de sol, que hacía un frío que pelaba.



El objetivo, ahora, era llegar como fuera a León. y allí procurar una solución definitiva, ya que mañana me toca una de las etapas más duras del Camino: Foncebadón y Cruz de Fierro.  No era plan de enfrentar ese monstruo en aquellas condiciones.


Cuando llegué a León eran las tres de la tarde, y estaba todo cerrado. El taller que me indicó un ciclista ¡no habría hasta las cinco! Así que esperé; llevé la bici a esa hora y la atención que recibí fue genial: cadena nueva y cazoletas del pedalier nuevas, que también las tenía hechas calderilla. La cadena averiada estaba tan dada de sí  que la galga del mecánico caía entre los eslabones sin rozarlos. "Cosa de arrastrar 27 kg  durante más de 800 kms",  pensé. La reparación finalizó a las 18'-h. Si me lanzo a la carretera llego de noche y con el albergue, probablemente cerrado o a punto.
Así que decidí dar por acabada mi etapa sobre la bici tras 76 kms, y llegarme hasta Astorga en tren.
León precioso. Pijo a más no poder. Pero precioso. Tienen hasta un edificio Gaudí.




Y la catedral, magnífica.



He llegado a Astorga tarde. No me ha dado tiempo ni a cenar... Eso es todo por hoy. Mañana, D.m. un monstruo mítico. Deseadme lo mejor. Un abrazo.