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miércoles, 17 de mayo de 2045

4ª etapa: Bujaraloz a Zaragoza


Distancia: 85'500 km
Distancia acumulada: 383'53 km
Duración: 6 hrs.
Velocidad media 14'98 km/h

Me fui a la cama tiritando de frio. Creí que que había enfermado, pero era tan solo el tremendo frío que cayó sobre esta zona de Aragón.
Me levanté bastante repuesto. Y tras desayunar un café con leche y dos magdalenas me despedí de la señora del hostal, La mañana no podía ser más serena y hermosa. El temido cierzo, parece que se quedó sin fuerza de tanto golpearme el día anterior. No soplaba ni una pizca. Con buen tiempo, luminosidad total y temperatura algo fresca, pero aceptable, empezamos a pedalear.


A pocos kms. de Bujaraloz, la ermita de San Jorge. Bellísima, en medio de un entorno idílico.


Yo me había mentalizado para la etapa más dura de los Monegros. La guía que compré hablaba de un terreno "yermo y solitario", y ciertamente fue solitario, muy solitario. Pero, ¿yermo?. Nunca había visto así los Monegros...


Las pistas eran más que aceptables. Si no corría más era por las vibraciones de la bici, que con sus 27 kilos, aprox. no te permitían muchas alegrías. No obstante, avanzaba como un cohete, comparado con el día anterior. Me presenté mucho antes de lo que yo creía en Pina de Ebro, donde salió a recibirme el río que le da nombre, cargadito hasta arriba.



Continuamos con muy pocas pausas, ya que el buen tiempo y el colorcito invitaba al avance, camino de Fuentes de Ebro. En alguna pausa, para dar descanso al trasero (el que más está sufriendo), dejé constancia de la soledad al tiempo de la belleza del camino.


No faltaba la otra "brújula" amiga...


Pero parece que siempre tiene que ocurrir algo inesperado y, de momento, desagradable. Cuando me aproximaba a Zaragoza, el cielo empezó a ennegrecerse y a amenazarme de tal manera que casi me "jiño".
Efectivamente, a unos 12 kms. de Zaragoza, llegando a La Cartuja, se reventaron los cielos, cayendo otra tormenta sobre este pobre ciclista, y acompañado de viento helado... Fui a refugiarme donde pude, pero en medio de la nada, no hay nada donde refugiarse. Me salí de la ruta y entre en La Cartuja, donde me situé debajo de un balcón. Cuando paró un poco, pude continuar.
Ya en Zaragoza, busqué una fuente, y a base de ir llenando el bote de líquido con agua, fuí "aspersando" a presión sobre la bici y su carga, que estaban hasta arriba de barro. No era plan de presentarme de esa guisa en el albergue.
Y aquí estoy, en la capital de "Mañilandia", compartiendo habitación con Michel, que se está haciendo también el Camino, pero desde Andorra. Lo que pasa es que él va más tranquilo, y hace etapas no tan largas como la mía.
Ver El Pilar", ha sido emocionante. "He llegado hasta aquí, gracias a Dios", me he dicho.



Zaragoza, al menos su centro, me ha encantado. Muy bonito y limpio.



 Eso sí, hay más magrebíes que maños. Está lleno de comercios con los rótulos en árabe. He ido a  una tasca la mar de típica a tomarme una cerveza y una tapa, y me la ha servido una china. Increíble.

He consultado la previsión del tiempo para mañana y se me ha caído el ánimo a los pies. Tormenta/lluvia/más tormenta/frío... en todo el recorrido. a mí me da algo. ¿Cómo estarán las pistas?

Que Dios me ayude y me dé fuerzas. Solo así podré culminar una etapa que mañana se presenta muy, pero que muy larga.

Un abrazo para todos.